de nuevo aquí…
Pues nada tras una larga ausencia he vuelto, esta expresión me vale tanto para que he vuelto al blog, como para que he vuelto de un inolvidable fin de semana, joder si que estaba perdido, hemos cambiado hasta de mes jeje, ya a pasado mi primer mes como “bloggero”, y nada una experiencia bastante buena, a veces tengo esto un poco abandonado pero que le vamos a hacer no hay tiempo para todo, ademas hay días que no tengo ganas ninguna de escribir, y mucho menos de pensar… la verdad es que tengo algunas inquietudes sobre muchas cosas que pasan a diario por ahí, fuera de mi pueblo, de mi ciudad, de mi casa, de mi mente, mas allá de la piel esta que me recubre todo lo que soy, aunque también por lo que pasa por mi lado, mas cercano a mi, existen cosas que nos inquietan a los humanos… o al menos eso creo yo, por lo menos a mi me inquietan, y a ti?, espero que también… si no que haces?… pues nada, no se sobre que escribir, por que no tengo ganas de hablar de todo lo que me inquieta si no hasta cuando estaría pulsando teclas??, ademas soltaría muchas borderías sobre cosas que me encienden, que me hacen llegar a estallar, en realidad me da igual decirlo claro, pero estoy demasiado feliz como para ponerme hoy a hacer eso, cuando este encabronado me desahogaré…y nada solo contaré algo que relaja y que sirve para no sé, sentir la naturaleza que las olas del mar plasman en nuestra piel, en el sonido que tanto apreciamos los seres humanos que es el de las olas del mar balancearse, mezclar cada molécula del aire con el gran disolvente.. el agua, el agua, razón de la vida… lo triste es que para poder apreciar en todo su esplendor esta naturaleza tienes que visitar la playa en este tiempo, en el cual casi nadie la visita, solo tres o cuatro “locos” como yo que la pisan en un día en el cual el viento tiene tal magnitud que es casi insoportable mantenerse sobre la alfombra de arena que suavemente se desplaza a nuestros pies, me gusta.. me ha gustado la experiencia, tenderse a ver pasar el tiempo, dejar los problemas atrás por unos momentos, cerrar los ojos que no están muy cegados por la suave luz que las nubes dejan pasar del sol, pararse a escuchar, mas que escuchar, sentir la naturaleza, ahora que hay poca muchedumbre entre grano y grano de sílice, se puede apreciar eso, sin el molesto ruido de los niños jugando a la pelota y salpicandote arena en la cara, sin la pelotita de los tenistas futuros “nadales” cayendo sobre tu bien colocada toalla, sin el olor a crema condensada en el cuerpo de mas de uno, entre ellos yo, vamos que yo soy otro de esos molestos humanos que cuando nos ponemos no dejamos disfrutar lo que de verdad se disfruta no solo con el cuerpo, sino con el alma o lo que sea que exista en nuestro interior, o quizás no exista ni una cosa ni la otra… bueno no me voy a emparanoiar ahora en eso… en fin, que sin esos sonidos ni olores que inundan cada estancia en la playa en plena época de veraneo, pues se escucha y se huele a otra cosa, se escuchan las olas golpear suavemente la orilla, el rozar con la arena emite un sonido que puede llegar a adormilarte, ese olor a agua salada, a humedad… ese viento que con su fuerte silbido te llena los oídos de ondas que recorren tu cabeza y te hacen sentir bien, te adormeces, no piensas en nada, todo va bien, parece que una burbuja de tranquilidad te arropa… de repente suena algo que te trae de nuevo.. te espabilas miras el reloj y te das cuenta que ya es hora de dejar el paraíso.. vuelves a la realidad, bueno no a la realidad, todo lo que he contado aunque parezca mentira es todo realidad, digamos … vuelves a la vida que tienes, llena de ruidos y olores desagradables… maldita sociedad avanzada… bueno no, maldita no, que gracias a ella se puede apreciar y disfrutar de cosas tan bonitas y maravillosas como la que cuento…